lunes, 30 de abril de 2018

Cambios inesperados. Capítulo V



Casrol estaba relajado en su despacho del palacio, todos sus planes iban de maravilla, se había quitado de encima a cuatro de las familias nobles más poderosas, había enviado a casi el exilio a Lalon y compañía, y ahora gobernaba a su disposición, pues en él recaían todos los asuntos de estado debido a que el emperador solo firmaba los papeles que él le ponía delante como si fuera un simple autómata programado para ello.

La vida para Casrol se estaba tornando de un blanco prístino, mientras que para Lalon, Pril y Jail era otro cantar. Pues desde que habían llegado a las tierras exteriores no habían hecho otra cosa que defender las pequeñas poblaciones de los ataques de los bárbaros de hielo y los inhumanos.

Las fuerzas imperiales estaban mermadas tanto en número, como física y mentalmente. Así que la llegada de los tres jóvenes con un rango que no era nada habitual que gente con dicha posición pisara por allí, animo a las tropas, pues le daba les daba la esperanza de que el imperio había por fin puesto los ojos en ellos, pero era todo lo contrario, simplemente aquellas tierras eran las que servían de escarmiento y castigo a los subversivos como los tres jóvenes. Aun así, eso no importaba y pronto los tres muchachos fueron considerados los líderes indiscutibles de las tierras exteriores y no por sus rangos, sino por sus múltiples batallas de las cuales no habían perdido ninguna y todos los soldados que comandaban salían vivos de ellas. 

La combinación de Pril que usaba la magia arcana y Jial el experto asesino pues cada vez que daban con algún grupo de bárbaros este asesinaba a su cabecilla para descontrolarlos y así acabar con ellos de manera más sencilla. Y por otro lado Lalon que era una apisonadora en un terreno irregular, sus ataques físicos y mágicos hacían estragos entre los enemigos ya que con su potencial era capaz de encargarse a la vez de varios bárbaros o inhumanos, mientras que los soldados imperiales se encargaban del resto.

Dos meses habían pasado desde su llegada y a las tierras exteriores se había consolidado una paz que nunca se había visto antes. Con el liderazgo de los tres muchachos las incursiones y ataques de los bárbaros habían casi cesado mientras que los inhumanos como no podían con los soldados imperiales centraban sus miras en los bárbaros, pues su ansia de carne humana y la facilidad con la que podían masacrar una pequeña aldea bárbara les daba el aliciente necesario para tornar sus intereses en aquellos que ellos consideraban más débiles.

El atosigamiento de los bárbaros por los inhumanos provoco que los primeros recurrieran al imperio pidiendo auxilio. El comandante de los soldados imperiales no tenía problema en tener a los bárbaros de aliados, pues había visto como combatían y si alcanzaban una tregua, las tierras exteriores podrían prosperar y ser el punto de enlace comercial entre el imperio y los bárbaros y por otro lado eso supondría un punto muy gordo en su currículo militar y podría reportarle grandes beneficios.

Por lo que el comandante remitió la información a la capital para que se procediera a redactar la alianza, esto provoco que Casrol que quería que Lalon no saliera de allí, denegará dicha alianza. La respuesta de la negación no tardó en llegar a oídos de Lalon, Pril y Jail y los tres se reunieron en sus habitaciones. - Aquí pasa algo raro, ¿porque el emperador niega una alianza con los bárbaros sabiendo que esta puede ser beneficiosa para él tanto comercial como territorialmente? - Quizá sea cosa de Casrol, y el emperador no sepa nada. Ya sabes que hace tres años fue Casrol y no el emperador quien nos atacó por querer cambiar las cosas y nos envió aquí. - Los tres chicos empezaron a ver que el gobierno del imperio lo llevara Casrol en lugar del emperador y que sus sospechas empezaban a ser refutadas por las acciones que les llegaban desde la capital.

Jial por su parte planteo una idea que podría satisfacer a varios frentes y sacar de sus casillas al emperador, si es que había sido él el que había denegado la alianza y a Casrol por igual. – Lalon una pregunta, sabemos que tú eres un maestro dragón y que por lo que nos contaste a mí y a Pril ahora mismo eres un ser eterno y a no ser que te maten no puedes morir porque estas ligado espiritualmente a tu dragón negro. ¿Qué pasaría si un maestro dragón, que como hemos visto a lo largo de la historia que están al margen del imperio, aunque guardan las apariencias realizando algún encargo para este, crea una alianza con los bárbaros y a la vez con el comandante de las tierras exteriores? - En ese momento Pril vio el plan de Jial – Por los dioses Jial, esa escuela de embaucadores y asesinos han hecho de ti un hombre de provecho-.  Pril se empezó a reír ante su ocurrencia con lo que se le unió Jial tras fruncir el ceño en una mueca.

Tras unos minutos de risas ambos se calmaron y le contaron el plan al detalla a Lalon. – La idea hermano es que si tú te alias con los dos bandos, por narices los dos bandos son aliados, pues si uno de los dos bandos no se alía contigo no solo tendría a un maestro dragón en su contra sino a los cuatro, pues el director ha comunicado que la orden del dragón ha sido reinstaurada y que esta no se rige por las leyes del imperio ni esta anexionada al imperio, sino que se rige por las leyes del Coliseum, por lo que cualquier maestro dragón tiene la potestad de representar al Coliseum como representante y embajador de este. Así que si tú haces una alianza con los bárbaros el Coliseum está aliado con los bárbaros y si haces una alianza con las tierras exteriores el Coliseum está aliado con las tierras exteriores. –

En ese momento Lalon se percató del meollo y sonrió, pues le gustaba esa triquiñuela y además Ig’bur también se alegraba pues hacía ya varios milenios que la orden del dragón había sido disuelta. Tras unos minutos Jial se puso serio, pues lo que iban a hacer no era una broma de críos. – Sabes que como hagamos esto el imperio ira a por nosotros, y eso repercutirá en nuestras familias. – Lalon asintió - Pero no podemos hacer nada más, estas buenas gentes ahora viven en paz, si nos vamos volverán a sufrir como lo hicieron antes de que viniéramos, así que no hay elección posible-.

No había más que discutir, lo que tenían que hacer era lo que estaba bien y por ello al día siguiente se dirigieron al poblado bárbaro más cercano a las tierras exteriores, allí se llevaría a cabo la reunión para establecer los puntos de la alianza. Aunque muchos lugareños no estaban del todo convencidos de que cuando Lalon y compañía se marcharan los bárbaros no tardarían mucho en romper la alianza, creían en Lalon, Jial y Pril, pero aun así creían ellos ya que habían logrado en tres meses lo que el imperio no había hecho en años.

Cuando llegaron al campamento bárbaro les asalto un anciano vestido completamente de pieles que sostenía un bastón nudoso. –Oh que tenemos aquí, si es el dragón negro. Hacía mucho tiempo que esperábamos vuestra visita mi señor- Lalon se quedó un poco asombrado ante la revelación del viejo y no sabía cómo aquel viejo había descubierto que ahora él era el dragón negro. – No te preocupes Lalon, estos bárbaros antaño me idolatraban como a un dios, y cuando morí, les deje un pequeño incentivo de que volvería y aquel que no lo respetara moría. – Eres peor que un crio con un juguete Ig’bru, como fuiste capaz de hacer eso. - Bueno fue en una época en la que me divertía hacer profecías jeje.- Bueno dejemos el asunto Ig’bur, ¿crees que podremos confiar en ellos?- Si, pero para estar seguro haremos un truquito.- Ig’bur se rio y esto se vio reflejado en el semblante de Lalon.

Los tres siguieron al anciano hasta la casa común que usaban los bárbaros para las reuniones sociales, militares y juicios. En la sala estaban todos los jefes de clan de los bárbaros, su sistema político se basaba en que cada jefe de clan era el señor de su clan y solo debía rendir pleitesía al señor de todos los clanes, que era el jefe de jefes. En aquella ocasión el jefe de jefes presidia la sala mientras que el resto de jefes estaban dispuestos a su derecha o izquierda según los logros conseguidos, así por ejemplo los que estaban al lado del jefe de jefes era los jefes que más posibilidades tenían de convertiste en el próximo jefe de jefes si retaban al jefe de jefes o este moría.

Así Lalon y compañía entraron en la sala y se colocaron en los asientos destinados a los invitados a la sesión. Pril que era el que más sabiduría tenia de los tres, o por lo menos así se lo dejaba entender Lalon pues no quería desprestigiar a su hermano se dirigió a los jefes bárbaros. - Hemos recibido vuestra petición de alianza contra los inhumanos, pero no la encontramos del todo satisfactoria, pues una alianza solo militar no es lo conveniente. Esto quiere decir que la alianza o es militar, comercial y social o no hay alianza. En resumen, lo que quiero decir es que los clanes bárbaros y las tierras exteriores convivirán, comerciarán y guerrearan juntos, además las tierras exteriores no entraran en conflictos internos de los clanes a no ser que se le solicite mediación. Las agresiones entre ambos serán suprimidas en el mismo instante que se firme la alianza.  Para que veáis que las tierras exteriores han firmado el acuerdo os lo muestro-.

Pril dejo el tratado que había firmado el gobernador de las tierras exteriores con el Coliseum aceptando todos los puntos. Este tratado paso de jefe en jefe, más por tenerlo en las manos que realmente por lo que decía, pues ninguno sabía leer, solo los sabios y no todos habían aprendido a leer. Así que después de pasar el tratado por todas las manos y acabo en manos del viejo que lo recibió y llevo ante los jefes. - Aquí está firmado, todo lo que han dicho es lo que pone en el papel y un tal Tragus de Yrvilian lo firma. Aunque también pone que la alianza se hará con algo llamado el Coliseum y no con el imperio-. Los jefes bárbaros asintieron y giraron sus cabezas hacia los tres jóvenes, los cuáles esperaban esa reacción. – Exacto, y para que veáis que no es nuestra intención esconder nada, queremos que sepáis que el emperador no acepta que se realice la alianza con los bárbaros por ello, el Coliseum que es un ente aparte del imperio pero que esta aliado con él, ha aceptado la alianza con los bárbaros y las tierras exteriores, esto quiere decir que al estar ambos bandos aliados con el Coliseum según las leyes al firmarse este tratado ambos estáis bajo el amparo del Coliseum y por lo tanto, los aliados del Coliseum son aliados entre sí. – Los jefes de clanes confusos por tanta palabrería de aliados de unos, aliados de otros etc., asintieron. - De todas formas, lo que ponga en el papel no es importante, lo importante es que vosotros que vivís bajo los cielos de piedra llevéis a buen término este tipo de acciones, muchos otros no lo hacen y rompen lo establecido en los papeles, por eso queremos más pruebas de que cumplirán con el trato si nosotros cumplimos con el trato-. El jefe de jefes tenía una voz potente y cavernosa, no esperaba menos Lalon de él.

-No se preocupe- Pril puso un tono servicial, pues, aunque sabía que tenía más poder en un solo dedo del que jamás poseería el jefe de jefes, quería que aquello llegara a buen término. – Nosotros venimos de parte de los maestros dragón, es más aquí está mi hermano de sangre que es un maestro dragón para ser el instrumento de dicha alianza y el testigo de la misma a parte de nosotros dos. Por ello espero que el jefe de jefes acepte nuestras promesas y se hará lo que se acuerde hoy aquí-. Las palabras de Pril no llegaban a los bárbaros, pues sabían que aunque el sabio del jefe de jefes había dicho que aquel muchacho que acaban de señalar era la reencarnación de su antiguo dios, no lo creían, pues la profecía que dejo Ig’bur decía que volvería, y claro desde que este abandono a los clanes, estos sabían que regresaría convertido en un miembro de un clan y ese los llevaría a la unificación. Ig’bur también sospechaba esto y por ello pidió a Lalon el control -Lalon es hora de que entre en juego la baza que tenía guardada, para ello necesito que me dejes tomar el control un rato, podrás verlo todo como un mero espectador, además, te voy a enseñar una de las cosas que debes conocer para usar el poder que ambos tenemos sin necesidad de recurrir a mi-  Lalon asintió para sí, y dejo que Ig’bur tomara el control del cuerpo que compartían mientras que él se sentaba en una imaginaria silla y veía todo a través de una gran ventana enfrente suyo.

El jefe de jefes aún seguía insistiendo en que no bastaba con la promesa de tres jóvenes, aunque uno de ellos fuera un maestro dragón, cosa que en todo momento dejaba claro con su desprecio que no era verdad, que querían más pruebas, cosa que Ig’bur con el cuerpo de Lalon les iba a dar lo que estaban pidiendo con una dosis extra de dramatismo.

En el momento que Ig’bur y Lalon intercambiaron lugares Pril noto que la magia estaba actuando allí y rápidamente detecto el foco de dicha magia, ya que lo tenía al lado, su hermano. No sabía lo que estaba tramando su hermano, pero sabía que no tenía problema en confiar en él, pues gracias a él estaban ahora donde estaban por muy alocadas que fueran sus acciones. El viejo chaman bárbaro también sintió el foco de magia, pero al contrario que Pril, este entro en éxtasis, pues no sentía la magia como Pril en un estado puro, sino que su manera de sentir la magia se basaba en meras sensaciones y que estaban menos desarrolladas que las de Pril y solo era capaz de sentir la esencia de la magia y no todo su esplendor como un mago, y junto con la superstición que gobernaba a los bárbaros, solo pudo deducir que algo esperado por ellos durante milenios estaba a punto de suceder.

Lalon rodeado de un aura negro blancuzca hablo con una voz que no era la suya, el tono sosegado y distante entraban en oposición al joven y agudo que el joven había mostrado previamente– Parece ser que los hijos, de los hijos, de los hijos de mis adoradores no saben cómo tratar a mis enviados- Los bárbaros se quedaron petrificados, solo había un ente en todo el mundo al cual los bárbaros habían adorado. Esto provocó que los chamanes allí reunidos se postraran de rodillas, aunque los jefes de clan también eran supersticiosos, no se rendirían tan fácilmente y no se dejaron intimidar por aquella voz. – No es prueba suficiente, sabemos que los habitantes de los cielos de piedras saben usar trucos y también saben de nuestra historia, así que esto no es prueba suficiente para que nosotros los hijos de las llanuras y los vientos aceptemos sin más un trozo de papel que anteriormente ha sido roto-.

Ig’bur se estaba empezando a impacientar y Lalon lo sabía, ya llevaba conviviendo bastante con el espíritu dragón. Pril y Jail por su parte intentaban por todos los medios que el jefe de jefes entrara en razón, mientras que los chamanes convencían a sus respectivos líderes de que lo que estaba haciendo Lalon era más que un truco barato de feria. Pero todo seguía igual cada uno a lo suyo y esto al gran Ig’burahortian le está molestando como una espina en una de garras, por lo que desato una parte importante de su poder y se materializo destrozando toda la casa comunal de los bárbaros.

- Ahora estáis bajo mi dominio bárbaros insolentes, y haréis lo que el gran Ig’burahortian os diga, para eso soy vuestro dios y por ende debéis pleitesía a mis enviados y obediencia a mis órdenes y si no series quemados vivos y olvidados y no veréis ni entrareis en las infinitas llanuras de más allá de las nubes con vuestros antepasados. - La dramática aparición de Ig’burahortian tuvo el efecto deseado, es más el asunto se le fue de las manos, ya no solo eran los chamanes los que se habían postrado de rodillas, sino que con la visión que tenían delante los jefes de clan estaban de rodillas alabando a su dios, y todos los ciudadanos que habían contemplado como su casa comunal había estallado debido a un gran dragón negro se postraron ante él y empezaron a orar en su nombre.

-Como os han dicho mis enviados, no estáis aliándoos con los que viven en los cielos de piedra, sino conmigo y mis hermanos los dragones, por ello no se faltara a tal promesa, pues como sabéis los dioses no rompen nunca una promesa ni una palabra-. – ¿No crees que estas sobreactuando un poco? - No, estos solo atienden a las amenazas y no a cualquier amenaza, solo atenderán a una amenaza de su dios, así que deja que acabe con esto que quiero largarme de aquí ya-. Lalon asintió – Ahora jefe de jefes ¿estás dispuesto a poner tu marca sobre el papel para que el tratado tenga una fuente fidedigna de que los pueblos bárbaros y los pueblos de las tierras exteriores sean aliados? - No tuvo que esperar respuesta, pues el jefe de jefes se cortó un dedo para que le brotara la sangre que usaría con su sello en el papel. Una vez puesto el sello Ig’bur termino con el teatro. -Que así sea, desde este momento mis siervos serán aliados de los hombres y mujeres de las tierras exteriores y entre ambos se ayudaran ante los peligros y las adversidades. Se establecerá una ruta comercial entre este asentamiento y las tierras exteriores. El acuerdo queda cerrado en este momento y aquel que lo rompa será pasto de mis llamas y él y su prole serán olvidados por sus antepasados y tendrán vetada la entrada a la llanura de más allá de las nubes. - Para hacerlo más real la materialización de Ig’burahortian lanzo una llamarada roja y naranja hacia los cielos.

Tras eso la materialización se deshizo y Lalon tomo de nuevo el control de cuerpo. –Vaya espectáculo que has montado hermano, tienes que enseñarme el truco, - susurro Pril a su hermano mientras veían como los bárbaros se recomponían de la visita de su dios. -No ha sido nada de lo otro mundo, solo ha usado un poco de magia y se ha imaginado como era cuando vivía. He visto que es bastante sencillo, hasta tu podrías hacerlo, creo que hay un libro en la biblioteca de la escuela de magos que dice cómo se puede hacer-. Pril sonrió pues él sabía cómo se hacía una materialización espiritual y una ilusión óptica. – Bueno pues voy a llevar el papel al resto de maestros dragón para que sepan que ahora los pueblos bárbaros y el Coliseum son aliados, y que esta alianza se extiende a los ciudadanos de las tierras exteriores, los cuales estarán deseosos de partir con vosotros a por los inhumanos-.

Los tres jóvenes se despidieron raudos, pues no querían que los pararan y tener que quedarse allí a explicar cómo el dios de los bárbaros los había elegido. Tres días después de llegar a los territorios gobernados por Tragus de Yrvilian y mostrar que la alianza estaba pactada, este puso en marcha los mecanismos burocráticos para abrir una ruta comercial con los bárbaros que estaría en funcionamiento en dos semanas si todo iba correcto y los bárbaros cooperaban con entusiasmo, además de enviar un destacamento para ayudar a los bárbaros con los inhumanos y las bestias de sus tierras. Los tres jóvenes que habían cumplido con su misión, pues la ayuda a las tierras exteriores habían sido realizados y habían conseguido un acuerdo con los bárbaros, salieron de las tierras exteriores hacia Carteleis a la cual tardaron dos semanas en llegar.

lunes, 19 de marzo de 2018

El último Riacol. Capitulo I


La vida en el orfanato era fácil, sin complicaciones, los niños trabajaban tres o cuatro días dependiendo del esfuerzo y la velocidad que emplearán en realizar las tareas que cada uno tenían asignadas, aunque lo normal eran tres días. El trabajo infantil en este caso estaba bien visto, así los huérfanos que mantenía el orfanato podían ganar algo de dinero y empezar a saber cómo era mantenerse por sí mismo para cuando salieran del orfanato y que la vida no les diera el primer capón. 

Además, también aportarían parte de esas ganancias al orfanato. Así este podría darles una mejor calidad de vida y el orfanato tendría más recursos para enseñarles lo básico y así poder sobrevivir cuando tuvieran que marcharse y no convertirse en un desecho de la sociedad. Aunque todo esto tenía un propósito oculto, y este era que todos los huérfanos, o por lo menos un noventa por ciento dejaría la reputación de este en un buen lugar, y eso provocaría que las ayudas fueran más suculentas, pues si de algo se vanagloriaba aquella sociedad era que sus niños estaban a buen recaudo tuvieran o no padres.

Las ocho hermanas que llevaban el orfanato eran muy estrictas con esto. Y todos los niños que allí se habían criado habían sido posteriormente grandes personalidades para la ciudad, y eso hacía que aquel orfanato tuviera esa fama. Pero gracias a estas personas la ciudad no tenía ahora mismo muchos huérfanos, realmente solo había un huérfano de su edad, el resto eran mucho más pequeños que él.

Pero eso no le importaba, siempre había estado solo antes de que fuera recogido por las hermanas. Vagabundeaba por el bosque o por los suburbios, si es que se les podía llamar así, pues eran de los más limpios de todo el continente y podrían pasar claramente por un barrio de clase media de las otras ciudades. Por más que intentaba encajar en la vida que las hermanas le intentaban inculcar, este no se adaptaba tan rápido como ellas querían y ello muchas veces le llevaba a castigos, soporíferos sermones o recriminaciones justificadas según el punto de vista de las hermanas.

Los años pasaban y cada vez se veía que aquel muchacho no contaría con el beneplácito del orfanato, pues era todo lo contrario a lo que ellos habían intentado hacerle ser. Por ello la llegada de nuevos niños, y que este pronto dejaría el orfanato, hicieron que las hermanas lo dejaran de lado e hiciera lo que él quería, pero siempre que cumpliera con su obligación para con el orfanato.

Esto provoco que aquel joven de quince años entrará en un establecimiento al que no tendría que haber entrado, pues era de todos conocido que aquel local estaba fuera de la ley y de la normalidad y su reputación era por todos bien conocida además de la reputación de los clientes que accedían al establecimiento. En los estantes había todo tipo de objetos y libros que presentaban un aspecto tétrico y aberrante, pero que por algún motivo los hacían atractivos a la joven mente que los estaba contemplando. En joven recorrió el local y echo un vistazo a todo lo que se le ponía a la vista, hasta que de un lugar insospechado apareció un viejo que estaba vestido con una ropa que le daba un aspecto fuera de lugar, como si aquel ser fuera de otra época, una época mucho más remota a lo que podría recordar el joven. El viejo se ajustó las lentes redondas que tenía en la nariz y miro atento al joven. Tras el primer vistazo el viejo perdió interés en el muchacho, paso al lado de este y se situó detrás del mostrador en una banqueta.

El joven se dio la vuelta y se puso delante del viejo. – ¿Señor de donde ha salido usted? No había puertas y ha aparecido de repente delante de mí. – El viejo volvió a mirar al joven- No te importa de donde haya salido. ¿Vas a comprar algo o solo estás haciendo que pierda mi tiempo? - El joven miro al viejo y con el ceño fruncido por la contestación dejo unas monedas encima del mostrador y le dijo al viejo - ¿Qué puedo comprar con esto? Y de lo que puedo comprar, ¿qué me recomienda? - El viejo tendero miro al joven con un brillo en los ojos, pues aunque no lo había aparentado el joven que tenía delante era alguien muy especial, así que miro las monedas, concretamente doce, y selecciono doce artículos que podría vender por ese precio. Entre los doce artículos había dos libros, tres jarrones, cuatro llaveros de distintos metales, y tres plumas de distinto tamaño y composición.

-Con ese dinero es lo que puedes comprar, y esto es lo que a mi punto de vista sería más productivo para ti, porque por un lado aprendes algo de historia y por otro lado empiezas a conocer como son las cosas a las que vas a enfrentarte dentro de un par de años o tres a lo sumo.- El joven que no entendió lo que le estaba diciendo el viejo cogió el libro que le había señalado y se dispuso a irse de aquel establecimiento. Pero antes de hacer nada se quedó petrificado en la puerta – Una cosa joven, si quieres seguir viviendo no le hables de ese libro a las monjas que te cuidan, y más te vale que andes con ojo hasta que llegues al orfanato-.

El joven salió de la tienda echando humo y llego al orfanato después de algunas pequeñas desgracias como un tropezón, un intento de atropello o un ataque de algún roedor. Una vez en su habitación, la cual compartía con un par de críos menores que él, escordio el libro en su lugar secreto y allí se quedó durante una semana.

Los días pasaban y el orfanato continuaba con su labor ininterrumpidamente, sabían que ese trabajo era su vida, y su vida era el orfanato, pero para el joven que pronto saldría de allí no se le auguraba nada bueno, por eso mismo empezó a investigar los entresijos que el viejo tendero le había vendido en forma de libro. El libro era un compendio de historia en él que se relataban hechos acaecidos siglos atrás. Las páginas se explicaban como el folclore y la magia había dado paso a la lógica y la razón, pero que no todo lo que había en el mundo se podía explicar con estos dos preceptos, y que eran necesario que las explicaciones a algunos hechos o seres, llamemosles sobrenaturales o irreales, no se podrían catalogar con los cánones de la razón y la lógica.

Pero esos seres o hechos solo eran las invenciones de los supersticiosos, mendigos y locos y gente rara que de vez en cuando se podía ver por las calles de la ciudad. Aunque no era del todo cierto, pues había cierta capacidad para poder vislumbrar y alcanzar dichos conocimientos. El problema era que esa capacidad había sido, o por lo menos eso decían, erradicada del mundo al morir el último de los descendientes de sangre de la familia más antigua que había habitado en el mundo hacía ya casi 17 años.

Los hombres y mujeres de esta familia habían desarrollado un cuidadoso y elaborado plan para que su existencia solo fuera conocida por ellos mismos y unos pocos de sus aliados más cercanos. Para el resto de la sociedad aparentaban ser la típica familia adinerada que generación tras generación habían realizado trabajos un tanto extraños y que gracias a esos trabajos habían aumentado su fortuna hasta aquellos días en los que las rentas seguían produciendo enormes beneficios. El problema era que esa fortuna no tenía un heredero conocido solo se sospechaba que podría haber uno, pero nadie sabía dónde y que, si no aparecía antes de cinco años, esa fortuna seria donada a la beneficencia, pues así se estipulaba en el testamento que celosamente guardaba el albacea de la familia.

El libro que tenía el joven en las manos era una parte minúscula comprado con todo lo que posteriormente tendría en su posesión, pues al contrario de lo que los papeles oficiales decían, la línea de sangre de los Riacol no había desaparecido aún, y aquel joven llamado Makud era el último de los descendientes de aquella familia de aristócratas y en ciertos círculos de guardianes mágicos que el mundo tenía como defensa contra los seres que se mencionaba el folclore mencionaba.

Makud que hasta aquel momento no sabía nada, solo se centraba en averiguar los entresijos de su vida, y del nuevo libro que había comprado a aquel viejo loco de la tienda de antigüedades. El estudio del libro iba a buen ritmo, pues los datos allí escritos eran absorbidos con avidez y rapidez por Makud. Esto extraño al joven pues rara vez había estado tan enfrascado en la lectura de algún libro, solo cuando estudiaba algo de historia antigua o folclore le entraba el gusanillo, pero pronto se aburría de lo que le enseñaban las hermanas.

Tras varias semanas leyendo el libro, aun le quedaba bastante por leer cuando uno de los niños pequeños se presentó a su lado. Makud que no se había dado cuenta al estar tan absorto en la lectura se sobresaltó dando un respingo en la cama donde estaba sentado dejando caer el libro al suelo. - Por los siete infiernos Joseph, no vuelvas a juntarte tanto a mí, casi me estalla el corazón-. Joseph que se agacho y recogió el libro con esfuerzo pues no tendría más de 9 o diez años, y el libro era un volumen bastante gordo, se disculpó mientras devolvía el libro a Makud. - Lo siento Mak, pero no me respondías cuando te estaba llamado y por eso me acerque para ver que hacías. Por cierto, la hermana Clarice te está buscando-. Joseph no pudo evitar echar un ojo al libro e intentar leer lo que había escrito en él, pero las palabras estaban en otro idioma, un idioma que a Joseph le resultaba un tanto raro.

Makud se quedó mirando al pequeño esperando a que le respondiera la pregunta. - Joseph, Joseph – El pequeño se sobresaltó y lo miro a la cara- Si, que quieres Mak, - ¿qué es lo que quiere la hermana Clarice? - Makud que se había fijado en lo que estaba haciendo Joseph, espero a que este le respondiera. - No me lo ha dicho, solo que fueras a dirección que tenían que hablar contigo sobre no sé qué tema de tus orígenes. Por cierto ¿qué idioma es ese en el que está escrito el libro? - Makud se quedó algo extrañado pues a él idioma era el mismo que sabía. - ¿Que idioma? Es el mismo que sabemos tu y yo, así que déjate de tonterías, y vayamos a ver que quiere la hermana Clarice.

Mientras avanzaban por los pasillos hasta la dirección del orfanato, lo que Joseph le había revelado resonaba en su cabeza. Tras varios minutos llegaron a la dirección y Joseph fue recibido con un agradecimiento y con una nueva “misión”, mientras que Makud se quedó en la sala donde estaba la hermana Clarice, la hermana Iris que era la de mayor edad y un individuo que estaba sentado enfrente de la hermana Iris y que le daba la espalda.

-Bien, ya estás aquí. Siéntate Makud, este señor quiere hablar con nosotros-. Makud obedeció y se sentó en la otra silla que había enfrente del escritorio. Mientras que caminaba el corto camino pudo ver el rostro del invitado. Era un señor de edad avanzada que por las canas y los ademanes que hacía, se podía ver que estaba muy cerca de su sexagésimo centenario, o eso sospechaba Makud, porque realmente aquella cara no daba impresión de tener aquella edad. Makud se sentó y entonces la charla que cambiaría todo su mundo comenzó.