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jueves, 17 de abril de 2014

Las Runas IV



-Galadrais, si te mande allí es porque como bien has dicho algún día serás el mago más grande y poderoso que haya existido en la tierra. Desde que viniste me entusiasmo ver como un joven de tu edad comprendía un arte que a mí me costó diez años de mi vida de adulto. Pero mi intención no era que te encontraras con su divina gracia, sino que aprendieras los secretos de aquellas ruinas ya que según estaba estipulado en los escritos aquel lugar fue el inicio de la magia rúnica, en ningún momento sabía que allí estaba descansado su divina gracia hoy presente aquí.- Promos tomo aire para continuar – También quería que al ver aquella enorme cantidad de runas te sintieras más humilde y modesto, cosa que veo que no pasara aunque tenga tres vidas y en las tres vidas te enseñe, así que solo puedo decir que si su divina gracia te considera digno de haber hecho el pacto contigo, yo no tengo nada que objetar, y mi misión para contigo ha terminado-.

Los tres ancianos asintieron complacidos ante la exhibición verbal de Promos el cual se relajó en su sitio y dejo que otros hablaran. Pero fue Mur la que se adelantó quitando la palabra a Camnos – Sabias palabras maestro Promos, pero si he de serle sincera creo que Galadrais no necesita esa humildad que usted dice, creo que es más humilde de lo que piensa y para que Galadrais se convierta en el mago que ha vaticinado lo que tiene que explotar es su sentido de la identidad y no otros sentidos, porque cuando él sepa realmente quien es y a que puede aspirar ese poder que aún permanece latente en él explotara y cuando eso suceda como bien ha dicho yo estaré allí para guiarlo como guie a otros magos rúnicos desde el inicio de los tiempos. Y ahora centrémonos en el presente y dejemos que el futuro.-

Los cuatro ancianos que ahora estaban cautivados por la diosa, asintieron y Camnos que había sido desplazado por la diosa comenzó su diatriba sobre lo que le esperaba a Galadrais. – Galadrais, ¿conoces el torneo de las diez verdades? – Galadrais que ante las alabanzas de Mur y de Promos le habían hinchado el orgullo, asintió. – Bien pues ahora mismo eres el tercer miembro que participara en dicho torneo, ya que como está estipulado solo cinco personas pueden participar y cada una de ellas debe pertenecer a una de las cinco grandes escuelas de magia establecidas en cada uno de los cinco continentes que componen el mundo.

Esto sorprendió a Galadrais que empezó a interesarse cada vez más, pues por lo que parecía ya no había vuelta a atrás y tendría que participar queriendo o no queriendo en dicho torneo. Por lo que su actitud cambio dando a Camnos la seña necesaria para que continuara. – Este torneo consta de diez pruebas, y cada participante debe enfrentarse a cada prueba junto con uno de los cinco dioses que gobiernan el mundo que como sabrás son:

Mur levanto la mano y sonriendo como una niña excitada hablo  – Yo soy una de ellos- Camnos asintió y dejo paso a Grath que era el representante de la escuela alquímica – Así es, su divina gracia es uno de ellos, los otros serian Lod, Maleth, Cild y Kram, y que se sepa, los dioses de la vida y el equilibrio ya han hecho el mismo pacto que habéis hecho tú y su divina gracia. Las pruebas son distintas cada vez, por lo que es imposible preparar a los aspirantes a ellas y así también se establece el principio de equidad donde todos los aspirantes llegan con las mismas posibilidades y conocimientos para alzarse con el torneo.

Mur y Galadrais miraban interesante e intensivamente a los maestros que se iban pasando la explicación de unos a otros, y ahora le tocaba el turno al maestro de la escuela adivinación Jalos.

-Como el resto de maestros, este torneo se celebra desde que la tierra era aún joven, y siempre han decidido el trascurrir de la eras según que dios junto con el que hizo el pacto obtuvieran el triunfo. Pero si he de seros sinceros este torneo puede ser muy beneficioso para todos o crear tal caos como el que jamás se haya visto, ya que si nos remitimos a las anteriores disputas se pude ver que hubo tres épocas que marcaron el devenir del mundo, dos de ellas fueron épocas convulsas llenas de guerras y caos, y la otra fue una época de esplendor y sabiduría. Pero no os voy a decir a quienes pertenecieron por el simple hecho de que se nos prohíbe revelar dicha información para evitar que los participantes estén condicionados y no se desequilibre el torneo por haber hecho un pacto con un dios que no fuera lo que esperaban.

Mur que si sabía a lo que se refería Jalos, asintió levemente con la cabeza a este último en señal de agradecimiento y respeto. –Entonces que yo me aclare, me estáis diciendo que tengo que participar en un torneo que consta de diez pruebas, que no se saben de qué van, y encima que según quien gane en ese torneo el destino del mundo puede seguir como esta o provocar un cambio dramático. – Los cuatro maestros asintieron al unísono – y es mas no me podéis decir quiénes fueron los ganadores, y que no voy a saberlo, de las tres épocas que cambiaron el devenir del mundo para no violar el estatus de equidad y que no esté influenciado por ello y ponga todos mis esfuerzos en el torneo.-

Los maestros volvieron a asentir complacidos porque Galadrais había cogido todo a la primera. Pero algo les hizo enfurecerse y montar en cólera – Pues si les digo la verdad señores míos, habéis elegido al menos indicado, yo  paso de vuestras cosas, y no participare en el torneo, así que buscaros a otro- El tono de autosuficiencia y prepotencia de Galadrais hizo que los maestros saltaran chispas por la boca y que Mur se pusiera un tanto tensa.

Mur que veía que se iba a organizar un líos de lo más divertidos se resistió a entrometerse en el asunto, pero no pudo hacerlo por mucho tiempo ya que aquello que Galadrais había mencionado la afectaba, porque si aquel con quien había hecho el pacto no participaba, ella volvería a estar encerrada en aquella iglesia por otros tantos siglos desterrada y sin poder volver a encarnarse hasta que alguien volviera a tirar de la cadena que la mantendría atada a aquel lugar.
Por lo que Mur hizo un ademan a los maestros para que se calmaran, y se acercó a ellos con una aire de confianza y disposición a hacer entrar en razón a Galadrais. – Bien, pues ya que tenemos a un jovenzuelo inexperto que no da la talla, ¿quién de vosotros querrá hacer el pacto conmigo para que podamos hacer lo que está escrito?-  Mur hizo un guiño a Promos, el cual comprendió la estratagema de la diosa. – Yo me ofrezco divina gracia, estoy dispuesto a realizar el pacto contigo aquí y ahora mismo- Mur asintió- Pues decidido, el problema va a estar en que ya tengo a alguien con quien hice el pacto y este pacto es efectivo hasta que acaba el torneo o la parte mortal muere.-

Galadrais abrió los ojos desmesuradamente mientras asimilaba lo que había dicho la diosa- No hay problema su divina gracia, sabemos cómo resolver el asunto – convino Jalos con una sonrisa siniestra que estaba reproducida en los demás maestros de la escuela. Así que todos se levantaron y se pusieron delante de la mesa de donde estaban sentados y se pusieron mirando a Galadrais.

-Bueno pues contra antes terminemos antes haremos el pacto – dijo concisa Mur, a lo que los maestros asintieron. Por su parte Galadrais estaba en estado de pánico, porque veía que aquellos energúmenos iban a matarle y no les remordía la conciencia lo que iban a hacer.

-Vale, vale, si queréis que muera al menos darme la oportunidad de morir dignamente- Así que se levantó de la silla y con una pose altiva se enfrentó a su muerte, pero los maestros no sabían que siempre estaba preparado para cualquier eventualidad.- Y ahora si me dejáis decir mis últimas palabras os lo agradecería. – Los maestros asintieron y Mur divertida miraba a Galadrais.
-Bien pues solo puedo decir que habéis sido los peores maestros que he tenido en la vida – y mientras hablaba con su mano izquierda realizaba el movimiento necesario para crear una runa que lanzaría sobre Promos.

-Así que como el maestro Promos ha sido mi maestro desde que entere aquí le quiero dar mi último agradecimiento – levanto la mano izquierda y su índice arrastro una línea luminosa que hizo que Promos abriera los ojos de forma que se les fuera a salir de las cuencas.

Entonces Promos fue rodeado por una luz blanca que hacía daño a los ojos mortales, pues Mur miraba con una sonrisa en sus labios lo que estaba pasando detrás de esa cortina de luz brillante. Tras unos minutos la luz se desvaneció y donde antes estaba Promos con su túnica azul plateada, ahora estaba Promos con un conjunto de colores chillones, empapado hasta los huesos y con una cara de rabia y furia que le daban aspecto de tomate y esta imagen la vieron todos los alumnos de la escuela de magia de poniente ya que en las runas que había dibujado Promos había una de proyección mental. Tras retirarse los mechones de su cabello entrecano para poder ver a Galadrais se encaró con el estudiante.

-Esto ya sí que ha pasado de madre Galadrais, ahora sí que te voy a matar de verdad – y en ese momento Promos se puso a realizar líneas creando runas en el aire, y cuando estaba ya a punto de crear la última runa Mur se puso seria, ya que hasta el momento solo se reía a carcajada limpia. – Alto ya los dos – Todos en la sala escucharon aquella voz potente y que parecía venir de todos los lados.

-Después miro a Promos con una mirada de compasión y pena, ya que ahora entendía como había sido lidiar con aquel joven – Maestro Promos, solicito que disculpe a Galadrais por su inoportuna y poco conveniente muestra de sus artes mágicas. – Promos que ya había recuperado su aspecto normal ya que el hechizo de Galadrais duraba pocos minutos, pero que aquella escena había sido vista por todos los estudiantes de la escuela acepto la petición de la diosa, y se sentó en su sitio consternado y dando gracias a los dioses porque aquel aspecto no hubiera salido de allí, cosa que más tarde comprobaría que no fue así.

Ahora Mur se puso frente a Galadrais y con un simple pensamiento alzo al joven con una mano invisible por la solapa de su túnica y se encaró al joven con un gesto de profundo odio. – Y ahora tu escoria con carne, vas a hacer lo que tus maestros digan y sin rechistar, una cosa es ser divertido y otra cosa ponerlos en ridículo, vale que Promos se lo mereciera, pero un mequetrefe como tú no tiene ni el derecho ni el privilegio de poner en ridículo a su superior delante de mi sin tener consecuencias, y espero que con esto que va a pasar hoy te haga recapacitar-.

Galadrais que desde que vio a la diosa y sintió el miedo de la muerte en sus carne no lo había vuelto a sentir hasta aquel mismo momento, en cuyo semblante cerúleo por el miedo y sus ojos desorbitados daban en él un aspecto de muerto viviente que a Mur le hizo gracia, pero controlando sus gestos no dio señales de advertirlo. – Ahora piensa en lo que has hecho durante un tiempo, y cuando solicite tu presencia aceptaras participar en el torneo-.

A Galadrais no le dio tiempo a terminar de tragar saliva cando desapareció de la vista de los cuatro maestros y la diosa. Los maestros con caras inquisitivas miraron a Mur – Ohhh no os preocupéis lo he mandado al inframundo a una zona gobernada por mis generales allí le tendré un par de días trabajando como lo haría un alma que ha llegado nueva, a ver si con eso aprende un poco de disciplina. – Una sonrisa cálida y agradable asomo al rostro de la diosa.

Dos días después la diosa que se había reunido de nuevo con los cuatro maestros hizo que Galadrais se materializara delante de ellos. Promos que había pasado ya bastante bochorno después de la reunión porque todo el mundo se reía a sus espaladas y comentaba lo acaecido en la reunión fue preparado, pues su túnica presentaba varias runas defensivas.

Cuando Galadrais cayó al suelo, rápidamente se arrodillo ante la diosa y suplicante la miro – O su divina gracia no vuelva a hacer eso, prefiero la muerte que volver ahí abajo con esos salvajes que me atendieron, se lo suplico, haré lo que me pida, pero no me envié de nuevo allí abajo. – Mur que miraba con repulsión aquella debilidad, pero que comprendía, hizo que Galadrais se levantase y se recompusiera un poco.

-No volverás ahí abajo siempre que atiendas a razones y de lo poco que te conozco desde que me liberases, lo harás. – Galadrais asintió. – Bien pues entonces ¿estás dispuesto a ser entrenado por tus cuatro maestros y participar en el torneo?- Galadrais asintió enérgicamente -Si, es más haré todo lo que me pida, y no me quejare ni protestare-.

Todos en la sala asintieron complacidos, por lo que el entrenamiento de Galadrais en todos los campos de la magia comenzó al día siguiente bajo la estricta supervisión de la diosa y sus maestros, para cuando llegara el día del torneo estuviera preparado, pero Mur sabía que Galadrais ganaría, y con aquella victoria traería un nuevo cambio al mundo y a aquella era, como había pasado las anteriores veces que la diosa participo en el torneo, solo había un interrogante, ¿Cómo sería ese cambio? ¿Sería bueno o malo? Y eso intranquilizaba a la diosa, porque todo dependía de su compañero y su experiencia le decía que no se podía confiar en los mortales. Pero Mur como una de las primeras diosas y más poderosas, sabía que el futuro era lo único que no podía ver y como tal debería esperar y verlo por sus propios ojos como las tres veces anteriores que hubo un cambio de época.

viernes, 11 de abril de 2014

Las Runas III



La noche había pasado sin ninguna incidencia y ambos habían descansado agradablemente después de aquella cena tan copiosa. Al salir los primeros rayos de sol Mur ya estaba despierta y parecía como si no hubiera dormido pues su pelo y vestidos ya estaban perfectamente arreglados sin una sola imperfección.

Galadrais se despertó mucho después pues el cansancio acumulado por su viaje más todo el estrés que le suponía permanecer junto a una diosa encarnada le hicieron que cuando cogiera el sueño este fuera un sueño mucho más profundo de lo habitual.

Tras haber recargado las energías necesarias y estar plenamente consciente se dio cuenta de que Mur aun lo miraba ceñuda, ante esto Galadrais rápidamente se levantó y se dispuso a pedir disculpas – Lo siento Mur, he dormido más de lo que esperaba y os he dejado ahí sola- Mur lo miraba divertida cosa que en su semblante no se mostraba. – Pues espero que me compenses por eso.-

Galadrais raudo se inclinó en señal de sumisión y aceptación y tras acicalarse un poco bajaron para desayunar y posteriormente ir a la escuela de magia de poniente. Una vez el desayuno acabo ambos se dispusieron a partir, para ello Galadrais envió a un mozo a por un coche de tiro para que los llevara a la escuela de magia.

En el carro Mur y Galadrais iban en silencio, un silencio solo roto por los viandantes y comerciantes que a esas horas ya estaban en pleno frenesí. – Míralos Galad, están mucho más espabilados que tú, y eso que hace poco que te acabas de despertar-  Galadrais miro avergonzado a Mur y agacho la cabeza. Mur empezaba a irritarse con el pobre joven ya que de todos los pactos que había hecho anteriormente ninguno era tan sumiso como aquel ser, y eso no le divertía en absoluto.

Mientras Galadrais miraba sus zapatos Mur seguía mirando por la ventana aburrida y un tanto amargada porque desde que había amanecido no había visto nada de diversión y eso junto con la actitud sumisa de Galadrais la cabreaba. Así que como un capricho más que como una necesidad saco un poco uno de sus dedos por la ventana y apunto a uno de los transeúntes, el cual al instante cayó desplomado en el suelo.

Los gritos que procedían de fuera del coche de tiro hicieron que Galadrais se asomara por la ventana, al ver que el hombre yacía en el suelo miro a Mur para ver si ella había visto algo más, y esta por primera vez en el día mostro una chispa de felicidad en sus ojos.

-Espero que haya sido por motivos naturales, no es normal que alguien muera de repente y sin nadie alrededor.  – El comentario de Galadrais hizo que Mur hiciera una mueca divertida, pues por lo que a ella respectaba el hombre había muerto por un paro cardiaco y así se lo hizo saber a Galadrais – No te preocupes, su corazón dejo de latir de repente, es normal en seres como vosotros-.

En ese momento Galadrais no se percató del tono divertido y pícaro de la diosa, pero si se preguntó cómo podía estar tan tranquila ante la muerte de uno de sus siervos así que le pregunto directamente – Mur, ¿cómo es que no te afecta la muerte de ese individuo? – Mur miro a Galadrais y se disponía a contestar cuando el carro llego a su destino, pero aun así le dio una respuesta algo ambigua- Es como cuando tu o alguno de los mortales veis como muere un animal, no os preocupáis, pues eso mismo me pasa a mi cuando os veo morir-.

Galadrais contrito ante la pregunta que había formulado guío a Mur ante los ancianos. Mientras pasaban por los distintos jardines hasta la puerta los magos y aprendices se les quedaban mirando con asombro y fascinación, lo mismo que pasaba mientras atravesaban los distintos tramos hasta el despacho donde los ancianos se reunían ante nuevas noticias, que desde hacía un par de días conocían.

Una vez en la entrada de la habitación donde se reunían los ancianos los hicieron pasar rápidamente. Una vez dentro la sala era sencilla y solo constaba de una mesa que hacía las veces de escritorio y donde estaban sentados los ancianos, más dos sillas colocadas a unos cuatro metros de la mesa donde se sentarían Galadrais y Mur.

En uno de los asientos de los ancianos estaba Promos junto con tres magos más, todos ellos más o menos de la misma edad, con cabellos canosos, y túnicas cada una de un color que representaba los colores de las distintas escuelas a las que se podía formar. Promos que llevaba el color azul cielo con toques plateados era el representante de la escuela rúnica, a la izquierda de Promos está el representante de la escuela natural con sus colores rojos y verdes, a la izquierda estaba el representante de la escuela alquímica con sus colores morados y marrones, y en la esquina opuesta a Promos estaba el representante de la escuela de adivinación con sus colores amarillos y blancos.

-Bienvenido a casa Galadrais, – comenzó hablando Promos, - veo que has traído una invitada-. Galadrais se levantó de su asintió como era costumbre cuando se dirigía a los ancianos y se dispuso a presentar a Mur a los ancianos. – Maestros, es Muret, una diosa que encontré en las ruinas en a las que el maestro Promos me mando hace una semana.-

Los cuatro ancianos mirando con asombro a la diosa la cual divertida por ser el foco de atención comenzó a hablar – Podéis llamarme Mur, me gusta más que Muret. – Fue lo único que dijo aun sentada.

Los cuatro ancianos quedaron un tanto en silencio sopesando las palabras que habían dicho Galadrais y Mur, y solo Camnos el que representaba la magia natural hablo.- Un honor conocer en persona a una diosa su divinidad Mur, pero quisiera hacerle una pregunta si no es indiscreción – Mur asintió con un leve cabeceo a Camnos - ¿Cuál es vuestra aérea de acción?-

La pregunta pillo desprevenido a todos en la sala salvo la diosa, que sabía que tenía que llegar por lo que no dilato más sus expectativas ya que la sola idea de ver las reacciones de los presentes y más concretamente de aquel con el que había hecho el pacto la excitaba en demasía.

En ese mismo instante, mientras esperaban Mur se levantó con la gracia divina que la envolvía y sus vestidos hasta aquel momento blancos impolutos y su pelo rubio como el oro, cambiaron de color quedando un vestido de seda negro con los bajos rojo sangre y su cabello completamente rojo fuego.

La transformación sorprendio a  todos los reunidos, ya que todos pensaban que Mur era como aparentaba cuando la conocieron, pero aquella otra visión de Mur hizo que los presentes desterraran de sus mentes aquella beatica visión por esta otra más siniestra y bella que la anterior haciendo que sus almas y mentes se estremecieran, pero Mur no quería que se acostumbraran y con una voz tronadoras que parecía que venía de cualquier parte y que transcendía lo real e imaginario se presentó.

-Yo soy Muret, Mur, Mors, la muerte, la dama negra, gobierno el inframundo y decido quien vive y quien muere, mis siervos son los espíritus de los muertos que acuden raudos a mi llamada y crean el caos y la destrucción a mi voluntad….- Pero de repente la presentación de Mur se quedó cortada por una estridente voz de miedo y terror que provenía de Galadrais – Lo sabía Promos, querías que me fuera a los siete infiernos y por eso me mandaste al mismísimo templo de la muerte. No lo niegues ¿me tienes envidia porque sabes que seré mas grande y poderoso que tu verdad?

Tanto Mur como los cuatro ancianos miraban al joven Galadrais con unos ojos que mostraban el horror, la estupefacción y la estupidez que había cometido cosa que Galadrais tras calmarse un poco se dio cuenta de dos cosas:
La primera, de que aquel hombre que había muerto en mitad de la calle había sido asesinado por Mur y la segunda que en al interrumpir a Mur en su presentación la había cagado de una manera que jamás había pensado que lo haría, así que se giró sudoroso y aterrado para enfrentarse a la que sería su muerte segura  a manos de la diosa.

Pero toda la tensión se disipo cuando una fuerte carcajada femenina inundo la sala, y  Galadrais junto con los cuatro ancianos posaron su vista sobre la diosa que aunque seguía con su aspecto oscuro y siniestro, se reía como una dama de veinte tantos años de alta cuna.

Cuando se le paso el ataque de risa Mur miro a Galadrais – Este es el joven que me divierte tanto, no el que hace unas horas venia en el carro conmigo- dejo que sus palabras se diluyeran y cuando  creyó conveniente continuo con su discurso pero más sosegado y menos melodramático.

-En realidad podía haberme presentado sin más, pero quiera un poco de diversión y por eso he hecho esta actuación melodramática. Así que sí, soy la muerte encarnada, y si he hecho el pacto con este jovenzuelo que si todo sale bien lo moldeare como me dé la gana, y es mas ¿quién es Promos? –

Promos recompuesto a medias al igual que los otros tres ancianos levanto la mano y se presentó formalmente – Yo soy Promos su divina gracia, maestro de la escuela rúnica de magia para servirla- Mur lo miro con ojo crítico y escrutador  y satisfecha por lo que veía, asintió antes de hablar de nuevo. – Promos te doy las gracias por haber enviado este joven a buscarme, creo que podremos hacer grandes cosas antes y después de la lucha que nos espera. –

Galadrais que estaba esperando algún tipo de reprimenda a Promos se quedó perplejo por que la diosa le diera las gracias a aquel anciano que consideraba un mago de tres al cuarto – Mur pero que dices, este me quería matar, así que haz algo que no se agradecérselo, por los dioses.-

Mur que cada vez que hablaba Galadrais de esa forma se sentía más divertida solo pudo decirle al joven que se callara un momento y la dejara continuar ya que tenía cosas que contarles a todos y que depararían el flujo de aquella época. Galadrais ante la orden de la diosa se sentó mohíno en la silla y escucho lo que tenía que decir tanto Mur como los ancianos.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Las Runas II



Tras varias horas inconsciente los ojos empezaron a abrirse poco a poco, como cuando estas aun pugnado con el sueño en ese guerra invisible que solo el cerebro consciente consigue ganar. Tras un par de parpadeos para eliminar el dolor de la luz en los ojos, se percató de los perfectos y sensuales pechos que tenía delante de sus ojos.

Volvió a cerrar los ojos creyendo que estaba dormido aun, pero no paso ni un segundo cuando de repente se levantó como un resorte y andado a lo cangrejo con las manos y el culo en la tierra se alejó de la bella dama que tenia de frente.

La miro por unos instantes y fue entonces cuando su cerebro consciente se percató de todo lo que había pasado.

-Lo siento su divinidad personificada, no quería molestarla en su templo, pero el maestro Promos me obligo, es más creo que era una broma, así que no me mate por favor.- El joven Galadrais estaba sollozando mientras decía estas palabras por el temor de que su vida fuera a acabar pronto con las manos en modo protector con la cara.

Ambos se quedaron mirándose unos minutos, uno entre una cortina de lágrimas y la otra con una sonrisa inocente tanto en los labios como en los ojos.

-O no te preocupes ahora me perteneces y como hace mucho tiempo que no tengo algo que manejar, no te matare rápido. –La voz de la diosa era melodía en los oídos del joven, pero lo de matar le había sonado horriblemente sincero y eso es lo que más temía, además de que le recordó el dicho que sus amigos del templo habían dicho una y otra vez “la brutalidad de la belleza”.

Galadrais se iba recomponiendo poco a poco y la diosa lo miraba de forma picara. Esto asustaba a Galadrais porque era la primera vez en su vida que estaba en presencia de una diosa y no sabía que decir o que hacer.

-Bueno Galadrais, lo primero que debes hacer es dejar de pensar tan alto, recuerda que yo puedo leer todos los pensamientos, después de eso tendremos que formalizar el contrato que hemos establecido tu y yo, y por ultimo me contaras todo  lo relacionado con tu vida, que me da ahora mismo pereza rebuscar en tus recuerdos. Ah y no te puedes negar a realizar el contrato. -El joven Galadrais que en ese momento se había quedado petrificado reacciono. – Por su puesto su divina señora, haré todo lo que desee sea cual sea el precio a pagar. –Galadrais trago saliva en un gesto instintivo.

Como había dicho la diosa, Galadrais se centró en lo que era el presente y dejo de pensar tanto en todo lo que podía acontecer. Después de eso la diosa invoco un círculo mágico en el cual vertió un poco de su sangre divina, y le insto a Galadrais a que hiciera lo mismo. Pero este un tanto preocupado por lo que podría pasar era reticente. – Por el amor del cielo quieres cortarte un dedo y dejar que caiga un par de gotas de tu sangre, no te va a pasar nada, recuerda que ya hemos sellado el contrato al despertarme solo lo estamos haciendo oficial-.

Galadrais tembloroso vertió un par de gotas y el circulo refuljo una luz roja-azulada.- “Maldito Promos, esto seguro que es para el bien de la escuela de magos de poniente” – Pensó Galadraisque aún no acostumbrado a ocultar sus pensamientos la diosa los leyó como si tuviera delante en una hoja de papel. – En eso llevas toda la razón polluelo, este contrato me vincula a ti, que como estas vinculado a la escuela de magia de poniente indirectamente me vincula a ellos, pero claro esta solo haré lo que yo quiera, y tú cumplirás con mis deseos-.

Su esbelta figura, su pose sensual, sus curvas marcadas bajo la túnica de seda, en resumen todo su cuerpo dejaba a Galadrais a su merced, lo que provocaba que Galadrais disputara una guerra en su cerebro para ocultar lo que realmente estaba deseando hacer.

Tras formalizar el contrato, la diosa se dirigió a  Galadrais - Bien pichón, dime que ha sido de tu vida hasta que me encontraste. –La diosa se sentó en una roca plana que estaba enterrada en la tierra y espero a que Galadrais le contara su historia.

Antes de empezar me gustaría saber, claro está si su divinidad quiere, su nombre. – La diosa sonrió inocentemente- Claro, como no, me puedes llamar Mur o Muret, sinceramente prefiero Mur, Muret suena demasiado formal y es un tanto sosaina, y hace mucho que nadie me llama así. – Galadrais asintió. –Está bien su divinidad Mur, mi vida es simple, nací en casa de una familia noble, a los cinco años vieron que tenía un talento innato para  manejar la magia rúnica, que en este mundo como sabréis es el arte más complicado y solo unos pocos tienen un conocimiento a nivel práctico elevando. Mis padres me pusieron un tutor personal para que aprendiera mejor los conceptos y entrara ya un poco más avanzado en la materia en la escuela de magia de poniente. Desde hace diez años de mis veinte de vida solo estudio magia rúnica, y como sabéis eso es un poco aburrido así que aunque estoy aun verde en cuanto a la lectura y memorización de runas, soy capaz de estar al nivel de un estudiante que lleve cinco años más que yo, por eso Promos me envió a estas ruinas para ver si era capaz de entrar en ellas, y te juro Mur que por los dioses que lo pagara. – Galadrias se puso rojo de la vergüenza por tutearla - Me tiene manía eso es todo su divinidad. –

Mientras Galadrais relataba lo esencial de su vida Mur inspeccionaba sus recuerdos, que surgían en la mente del joven mientras contaba su historia, muchos de esos recuerdos de la vida de Galadrais hicieron que la diosa se encariñara más con el joven, ya que al igual que ella, la personalidad de Galadrais era, picara, vaga y lasciva.

Galadrais, creo que tú y yo nos vamos a llevar muy bien. Lo primero que hemos de hacer es que dejes de llamarme su divinidad, parece como si estuvieras hablando con una reina o algo así, y me molesta mucho que me comparen con algunas de esas. Después nos presentaremos ante los ancianos de tu escuela, es la ley y aunque yo sea la diosa de la Muer … – se paró en seco porque no quería aun revelar que su campo de acción era la muerte y el más allá.- digo la diosa Mur, que siempre me voy por las ramas, tenemos que seguir las reglas que padre nos impuso. Así que si estas recuperado vamos marchando además, esta túnica está empezando hacer que me sienta una mujer poco respetada, y quiero cambiarme de ropa.

Galadrais asintió a Mur emprendieron el camino de vuelta a la escuela de poniente donde tendrían que hablar con los cinco ancianos (uno por cada rama mágica que se practicaba) que dirigían la escuela.

El viaje de vuelta fue un poco más ameno que el de ida y en una semana llegaron a Clorzan, la cuidad donde habían establecido la escuela de magia de poniente.

Cuando llegaron a la ciudad el crepúsculo ya caía en la zona, Galadrais junto con Mur se dirigieron a la casa de este donde descansarían para presentarse al día siguiente ante los ancianos.

La cena fue la mejor cena que había probado en toda una semana y se llenó la panza a no poder más, Mur aunque era un dios, y supuestamente los dioses no comían o ese pensaba Galadrais, también comió copiosamente hasta quedar satisfecha.

Galadrias sorprendido por tal hecho se quedó mirando fijamente a Mur. – ¿Que tengo algún mono, gusano, perro o derivado en la cara? – Mientras esperaba algún tipo de comentario o acción de Galadrias,  Mur se sacaba un trozo de carne de uno de sus dientes blancos como perlas.

No, que va, solo que me sorprende que vuestra divin…, perdón, que comas como un simple mortal – Galadrais nervioso, miraba a Mur con expectación, la cual al verlo se echó a reír, y cuando se calmó contesto- . Si normalmente no necesitamos comer pero al hacer un pacto con un humano o de cualquier otra raza, debemos alimentarnos como ellos, ya que la sangre que se junta en el círculo vincula a ambos hasta que el vinculado muere, o se ha cumplido la regla. – Y anticipándose a Galadrais, Mur sentencio,- dicha regla aun no es necesario que la conozcas, aún.-

Tras esa pequeña explicación la cena transcurrió en el más absoluto silencio, y tras acabar se fueron a descansar, ya que lo acaecido en aquella semana había sido más de lo que Galadrais podía soportar por ese periodo de tiempo, pero aún le faltaba lo más importante por saber y eso sí que lo dejaría perplejo.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Las Runas I



Aquellas runas indicaban que había llegado a su destino, aquel que el profeta le había indicado, aquel destino que lo llevaría a la inmundicia o la gloria. Pero antes tenía que ser apto para tal encargo, y por ello debía ver cuál de las cinco runas era la correcta, porque si no la muerte lo recogería ese mismo día y lo llevaría al inframundo donde vagaría por toda la eternidad a las órdenes de los señores del averno.

Y ahora como era –se rascaba el mentón mientras examinaba las runas que había inscritas en la pared- Sé que tenía que pulsar una pero, maldita sea porque no atendí en su momento.

Las runas eran todas muy parecidas, todas tenían las mimas líneas, pero solo había un trazo en cada una que la diferenciaba de las demás.

Bueno piensa con lógica, el maestro me dijo que había cuatro mortales y una que me dejaría pasar a través de la barrera mágica. Maldita suerte la mía porque no atendería en vez de estar fantaseando con la aprendiza de las primeras filas. -Una especie de lamento salió de su boca-.

No sabía cuál pulsar todas las runas le parecían iguales, y sobre todo era incapaz de saber cuál era el significado. Aun así no podía demorarse mucho más, las runas solo sería visible durante el crepúsculo coincidiendo con una inclinación de los últimos rayos solares que solo se daba una vez cada cinco días.

Entonces decido ante tal mala fortuna, comprendiendo que ya da igual, porque si no lo mataba la barrera lo haría su maestro, pulso una de las runas al azar. Un ruido como a roca moviéndose empezó a sonar, y Galadrais cerró los ojos y se cubrió la cara.

<<Al menos ya que muero que no me dejen desfigurado>> Pasaron varios minutos sin que pasara, ni que le pasara nada, así que abrió los ojos y vio como la pared donde estaban las runas dibujadas había desaparecido.

Galadrais salto eufórico, y alzando el puño al aire dijo –chúpate esa maestro Promos- Pero en ese mismo momento una pequeña piedra le cayó en la cabeza. –Lo siento perdóneme- y frotándose donde le había caído la piedra avanzo por el sendero que se había abierto.

Avanzo en la penumbra, solo iluminado por un pequeño globo de luz que había conjurado y era uno de los primeros conjuros que todo mago aprendía siendo un crio. Le daba la luz suficiente para observar que las paredes estaban llenas de dibujos y runas que contaban una historia ya olvidada.

Tras andar unos cinco minutos, llego a una sala poco iluminada y que era la desembocadura del camino que había cogido. Miro con el globo de luz a su alrededor y para su sorpresa pudo distinguir una palabra en rúnico que conocía Valo. 

La pronuncio con la cadencia adecuada y la sala se ilumino entera dejando ver las columnas y suelos marmóreos.

Galadrais se quedó pasmado ante tal visión, donde se encontraba era donde os primeros hombres se asentaron. Siguió andando hasta la siguiente cámara, ya que como le había dicho Pomos la sala que buscaba estaba al final del complejo.

Tanto los minutos como las salas pasaban de uno en uno y todas las salas se iluminaban al entrar en ellas y se oscurecían al salir de ellas. 

Esto sí que es ahorrar energía- sonrío divertidamente Galadrais mientras seguía avanzando-.

Pero por fin llego a la sala que buscaba. Tras poner el primer pie este se tornó de un color verdoso pasando por todo el espectro de colores conocidos hasta que los ojos de Galadrais quedaran adecuados a la sala.

Miro en todos lados y como en las anteriores había tapices hilados que contaban historias antiguas, pero en una de las paredes, y más concretamente en enfrente suyo había algo muy distinto.

Una escultura de una bella dama estaba esculpida en la pared y atada con cadenas  en las muñecas. La única parte de colar de la imagen eran las cadenas de color negro azabache que le sostenían las muñecas, todo lo demás era de color gris.

Galadrias se acercó con cautela a la imagen, atravesando la sala llena de poyetes de piedra a ambos lados.

<<Parece que esto era aún templo religioso, no sé porque Promos me envía aquí, si la magia y la religión siempre se han llevado como perros y gatos>> -Pero de repente lo comprendió todo-.

<<Claro el muy cerdo queria librarse de mí, y ahora un demonio del tercer averno me llevara con él y me violara y me hará su esclavo sexual>> -Trago saliva ante tal mala perspectiva y continuo andando hasta que se colocó a una distancia prudencial con la escultura-.

Miro con detenimiento la escultura y vio que había un agujero en una de las cadenas, así que se acercó y lo examino más detenidamente. Tras hacerlo comprendió que esas cadenas al igual que todo el complejo estaban llenas de runas que para él solo tenían significado una de cada diez, así que solo pudo especular que podrían ser aquellas runas.

De todas las runas que había leído solo supo descifrar seis:

Elämän que era lo mismo vida, kuolema que significaba muerte,  valittu que venía a ser elegido, tauko que era romper, Ei mikään hyvä juttu significaba mal, como anteriormente también reconoció Valo.

Siguió contemplando la escultura dando se cuenta de que algo había cambiado en ella, no sabía que era en ese momento pero la escultura se había movido unos centímetros hacia delante.

No le dio mucha más importancia, lo único que importaba era que tenía que hacer porque no tenía ni idea, y Promos no le había dicho nada al respecto. Tras pasar un largo rato sin descubrir ni hacer nada, dio por terminada la visita. Así que se dio la vuelta y desando lo andado para salir del complejo.

Al llegar a la puerta un ruido lo hizo que se girase y viera lo que pasaba,  sus ojos se abrieron como platos y su mente bullo a un ritmo frenético, tan frenético que se desmayó de la impresión y se golpeó en la cabeza con el suelo dejándolo inconsciente durante un rato.

Tras varias horas inconscientes recobro el conocimiento con un fuerte dolor en el parte posterior del cráneo. Se echó la mano a la zona para ver si tenía sangre y al comprobar que no la tenía se froto la zona para aliviar un poco el dolo. Tras disminuir el dolor se levantó y se sujetó a uno de los poyetes para no caerse, miro en todos lados y vio que en la pared que antes había una escultura ahora estaba lisa.

Eso le hizo volver rápidamente a la realidad en la que se encontraba. Miro en derredor y todo estaba bien, así que sin más dilación salió de la sala corriendo y rezando para que ningún demonio apareciera o más concretamente no se encontrara con la escultura de la pared.

Por fin llego a la salida, más rápido de lo que había imaginado, y tras salir por la puerta, los ojos de Galadrias volvieron a abrirse su mente volvió a bullir frenéticamente y de nuevo la oscuridad volvió a apoderarse dejándolo allí a la intemperie y solo con un único pensamiento que comprendió.

<<Maldito Promos, mi alma te atormentara>>